lunes 2 de noviembre de 2009

Preguntas sobre asuntos cotidianos...

El amor es una apuesta, insensata, por la libertad del otro.
Octavio Paz


¿Se habrá equivocado el poeta mexicano?
¿Quizá el amor sea una apuesta, insensata, por el otro?
O, más aún, olvidemos al otro: ¿soy una apuesta insensata?
O, compliquémoslo: ¿somos una apuesta insensata?


Retrocedamos: ¿a qué se refería con la libertad del otro (mía, nuestra)?
¿Qué implica la libertad? Una elección. Pero, más allá: un movimiento.
El amor es una apuesta, insensata, por la estabilidad del otro.
Por la propia, por la nuestra: por un terreno común.


Pregunta: ¿cómo saber que ese terreno común alguna vez existió?
¿Que, en efecto, se trató de amor y no de algo más (¿qué?)?
La frase original refiere al continuo, mas no al origen.
¿De qué depende el amor? ¿Cómo reconocerlo?


Otra pregunta: ¿por qué deja de existir ese terreno común?
Por la inestabilidad del otro. Mía. Nuestra. Por la libertad.
Se trata de una elección. Es cuestión de voluntariedad.
El sí y el no, de ayer y hoy, son lo que lo determinan.


Concatenación de contingencias. Estupideces. Pequeñeces.
Que, sin embargo, forman un continuo. Un mundo.
Un universo. Un terreno común o un abismo.
De repente (¿de repente?): aquí estamos.


Una vez más, existe la elección. ¿Lo es?
Lo es. El destino debe elegirse.
Debemos elegirnos.
Tú y yo. Nosotros.

[La pregunta permanece: si no es así, ¿a qué se debe?
¿A ti, a mi, a nosotros?]

[Ironía: que todo se deba a la premisa,
y una se preocupe por su conclusión.]