Alma marca el debut del español Rodrigo Blaas como director de cortometrajes animados. Desde hace ya unos años, él ha formado parte del equipo de Pixar que nos ha traído Up (la más reciente), Wall-E (delicia absoluta), Ratatouille (la adoro), Los Increíbles (igual) y Buscando a Nemo (mi favorita). Como pudieron ver al inicio, el corto ha sido ganador de diversos festivales, siendo -además- nominado recientemente a los premios Goya 2010, para la categoría de Mejor Cortometraje Animado.
Ahora, más allá de lo que se le pueda aplaudir tecnológica o narrativamente, me impactó porque es -sin duda- espeluznante. Acostumbrada a la capacidad de Pixar de convertir a las pesadillas en dulces sueños -pienso, sobre todo, en Monsters Inc. o en Ratatouille-, la captura de(l) Alma (qué belleza) y su petrificación en una muñeca (y la posibilidad terrible de que ocurra una y otra vez) me dejó fría. Siempre detesté a las muñecas de porcelana: esos malditos ojos me parecían macabros. Gracias a Blaas, ya sé porqué. ¿Qué les pareció?
Por otro lado, les comparto Red's Dream (1987), el único corto de Pixar que, me parece, es un tanto triste:
Llevo casi siete horas evitando trabajar. Siete horas y tres semanas. Sigo de vacaciones. Y me rehuso regresar. He llegado a ese punto odioso en el que nada de lo que hago me (con)mueve. Veo los centímetros de papel crecer en mi escritorio (o, de manera más real (ja): los bits de mi disco duro desaparecer) a la par de que el número de tweets en mi cuenta aumentan. La palabra chic es procrastinar, pero -como bien me recordó una amiga- también se puede decir "hacerse pendejo" sin errar en lo absoluto. Y no es, exactamente, que prefiera twittear (¿tuitear? ¿tweetear? (Ya me clavé en la filología, preguntándome quién, exactamente, está rastreando los cambios en el lenguaje que se están suscitando con la nueva tecnología. Digo, googlear es ya un verbo, ¿no?)), sino que no me atrevo, por completo, a hacer lo que realmente quiero. Vivo una especie de intermedio extraño: estoy harta del trabajo y de la escuela, pero no los dejo de una vez por todas.
Y claro, uno tiene que comer y se tiene que graduar (¿qué sería uno sin el título de Licenciado? Título, por cierto, que aborrezco (si en algún medio se utiliza de manera tan nefasta es en el de los abogados: ¿a quiénes más les dicen tan fácilmente "Lic" (l-i-q)?) y que me impulsa a cursar una maestría sólo para que nadie -nadie, nadie, nadie- pueda llamarme "Licenciada" (el debraye relativo a porqué la gente se rehusa a llamarme "Licenciado" y porqué insisto en que esa sería una igualdad que me parecería divertida ver en la práctica, después)), pero carajo. Recordé justo ahora la típica frase de ¿papás? ¿adultos? ¿personas con más experiencia que uno? ¿aquellos que justifican estar atrapados en una vida que no es la que quieren? ¿propia del sistema de binomios que estructura el lenguaje y el mundo occidental? de "En la vida, no siempre se puede hacer lo que se quiere". [Aquí es cuando quisiera estudiar la Biblia y poder saber de pí-a-pá la lógica detrás de la Caída.] [El otro día en clase de Filosofía del Derecho el maestro dijo que si no existiera el problema de la escasez no existiría el problema de la justicia distributiva. No sé porqué me dio risa el hecho de que la posibilidad de que la escasez no existiera seguía en la psique colectiva. Otra frase típica de #inserteelresponsableaquí: "El hubiera no existe." ¿Qué seríamos sin el wishful thinking?]
Ya me perdí. Por algo me estoy refugiendo en la tuitósfera (¿twitterverse? ¿twitterville?) y su dinámica de 140 caracteres que divagan por el espacio. Chiste propio (porque lo he lanzado varias veces y a nadie parece causarle gracia): I have a three tweet attention span. Hablando de tragedias, el otro día un académico-del-derecho-convertido-en-twittero-mexicano-célebre "dijo" (entiéndase: twitteó) (con orgullo, me lo imaginé): "Lo curioso es que el gran debate nacional parece estarse dando en twitter". ¿Qué dirá de nosotros? #diosnosagarreconfesados. [El debraye relativo al recurso retórico que están resultando ser los hashtags (en palabras de mi hermana, el "gatito" o el #) después... Si es que algún día.]
(Regresando.) El otro día un amigo me preguntó que en qué cueva estaba escondido (me pregunto quiénes notarán que estoy refiriéndome a-mí-misma en masculino [Sobre el debate que he tenido con mis amigas feministas relativo a los mexicanos-mexicanas, ciudadanos-ciudadanas, también después]), y me quedé pensando. La respuesta obvia, ya la dije: en twitter. Pero, la respuesta psicoanalítica (entiéndase: no tan obvia o, de manera más sangrona, profunda), aún no la sé. ¿Por qué hago lo que hago? ¿Frustración, cansancio (¿qué será de mi a los cuarenta?), hartazgo, apatía? En mis tiempos libres, leo lo que quiero, pero no parece concretarse en algo (¿qué será ese algo?), y no entiendo bien porqué. No sé si esté viviendo una especie de writer's-block o -peor aún- thinker's-block. Eso y el hecho de que la situación emocional -¿en contraposición a lo intelectual?- ha estado un tanto... ¿Ajetreada? ¿Difusa? ¿Nefasta? ¿Intensa? ¿Problemática?
Insuficiencia. Es la única palabra que se me ocurre por el momento que puede describir la sensación (¿sensación?) que me acosa. Sí. Es eso. Pongámosla como título y regresemos a la procrastinación. Imagínense: es sábado y son las siete de la ¿tarde? ¿noche? ¿Comenzar a trabajar a estas horas? Pero no hacerlo, será desastroso en unos días. #dilemacotidiano Hmm...
Pretendo, obviamente, no sólo reconocer tu existencia, sino adjudicarte esas características que hacen que tantos recurran a ti: te convertiré en Fiscalista, Contador, Patrón, Entrenador, Psicólogo y -por qué no- Mago también. Claro está que, dado que eres Dios, cumplirás todas estas funciones -que no sé porqué se nos ocurrió dividir y materializar- a la perfección. Y por perfección, sin duda, entiendo a mi favor. Si mi concepción tuya difiere de alguna tradición religiosa, que me perdonen, pero me esconderé detrás de la posmodernidad para afirmar que escojo lo mejor de todo (aunque no sepa qué es ese todo), con base en nada más y nada menos que mis necesidades particulares (siempre tan contingentes).
Primero que nada, gracias por darnos un motivo para vacacionar. Desde la aparición de una de las madres de los que unos llaman tu hijo, pasando por el nacimiento de éste, hasta la llegada de los que fueron a alabarlo, he disfrutado la vida tal y como debe ser disfrutada. Lástima que te has rehusado a darnos más razones para hacerlo. No que las fiestas patrias -gracias, por ellas, también- no sean suficientes, pero la próxima es aun muy distante. ¿No podrías darnos otro motivo para celebrar alguna causa que pretenda separarse de la tuya -gracias, también, por hacernos creer que te hemos superado (por no decir asesinado)- para permanecer en este estado de éxtasis? Danos una nueva causa (fantástica la idea de inventar los Días de las Madres, Padres, Abuelos, Niños, y gracias por darnos todo esto de la diversidad sexual y de género, a ver si de ahí derivamos más fiestas como el Día de los Inter/Transexuales, de las Familias Homoparentales, de las Mujeres más Mujeres que las Mujeres y los Hombres más Hombres que los Hombres y de los Pomosexuales) para decretar un descanso necesario. Claro, la otra es simplemente que nos regreses al Paraíso Perdido y este problema de la escasez -base de la economía, según me enseñaron- se resuelva. Pero a ver si en esta ocasión reinventas el lugar y omites a la prohibición y reconceptualizas el mundo binario que has creado...
Si sigues creyendo que vivir así es más divertido (supongo que para ti, porque por más que me hagan creer que sin trabajo, la vida no es vida, porque -en última instancia- cómo disfrutaríamos del descanso sin él, (que, por cierto, me lleva a todo el debraye de si no supiéramos lo que es la tristeza tampoco sabríamos lo que es la felicidad, lo que también me lleva -de nuevo- a esto de los opuestos), no me convence, pero bueno), al menos dame la fuerza para ajustarme al paradigma existente (ya que insistes en no modificarlo).
Primero y antes que nada, ayúdame a decirle no a los carbohidratos y sí a la elíptica. ¿Qué quieres que te diga? Por alguna razón extraña hemos decretado -o, bueno, Tú has decretado- que la belleza física es una que mide 1.75 metros, pesa 3 kilogramos, de los cuales 100 gramos son de grasa. Los científicos dicen que la altura y la anatomía básica es una que no se puede cambiar (claro, los científicos llegaron a creer que el sol giraba alrededor de la tierra, pero bueno), pero desear no está de más (te dije que te haría Mago). Si te rehusas a esta labor (no sabría porqué, ya que eres perfecto y ya establecí lo que eso significa), por favor, adelgázame y tonifícamente. Haz que entienda que los carbohidratos son mis enemigos y que less is more. Sobre todo, cuando esté en un Starbuck's, Burger King, Subway, las quesadillas de la esquina o los tacos de la contraesquina (de nuevo, porque te rehusas a cambiar el paradigma existente de capitalismo rampante y vida veloz).
De no darme la fuerza para no sucumbir ante las tentaciones, entonces dame más dinero y disciplina para poder pagarle a alguien para que me haga de comer todos los días. Digo, con eso de que nos liberaste a las mujeres y nos arrojaste al mundo Público y que tener una verdadera ama de casa es un sueño que solo se revive en Mad Men, dame los medios para solventar su sustituto: un Chef a domicilio (¿será la libertad, te pregunto, o la compulsión por capitalizarlo todo?). Si insistes en no solventar mis necesidades, consígueme un trabajo (mi Patrón preferido) que pueda realizar desde mi hogar, para solo tener que recorrer unos cuantos pasos y estar ya en la cocina. Digo, ya nos diste la tecnología para hacerlo (y ya nos mudaste de la Jungla a la Urbana), por lo que otórgame las consecuencias de ese tránsito: permíteme realizar mis vericuetos intelectuales desde esta pantalla de 13 pulgadas. Sé que detrás del concepto de la Oficina existe un factor de socialización muy importante -como he aprendido, es la extensión de la escuela para la mayoría-, pero, ¿es necesario después de 25 años de lidiar con veintitantas personas codo a codo todos los días? Dejemos los encuentros para la diversión y lo demás para lo virtual...
Ahora, tú sabrás las razones por las cuales decidiste colapsar la economía mundial y provocar que el Estado decidiera cobrarme más impuestos, pero ello no te libra de procurar que, sino tengo más dinero, sí pueda tener una maravillosa capacidad para bloquear el hecho de que mi bolsillo se verá empobrecido. O, claro, la otra es que me permitas cambiar radicalmente de gustos y convertirme en una persona que, de repente, decidió que -como en la comida- less is more. Tienes múltiples caminos, mi Querido Dios, ya sabrás tú cuál es el mejor (aunque si me preguntas, mis preferencias están en el orden en que cité los ejemplos).
Por el momento, es todo. Ya nos comunicaremos -conscientemente- en algún otro momento. Por hoy, que tengas una excelente noche y te diviertas, as always...
Con amor,
La que te reconoce por conveniencia (o porque, quizá, es imposible no hacerlo... O... ¿algún día me darás la respuesta?)
P.D.
En un plano un tanto más espiritual (ay, el materialismo), ayúdame a controlar mi neurosis. Ya sabes, mitiga mi narcisismo, aplaca mi compulsividad y modera mi codependencia. En otros términos, ayúdame a no cometer alguno de los siete pecados capitales (con excepción de uno, que tú y yo sabemos cuál es) o fortalece las sietes virtudes... O las seis... O cuatro... Potato, potatoe: equivalencias funcionales... Pero tú eso ya lo sabes.
La cuestión gay -por denominarla de alguna forma- ha sido centro de debate en el Distrito Federal durante el último mes debido, primordialmente, a la aprobación de las Reformas al Código Civil que permiten el matrimonio entre personas del mismo sexo. Además de esta decisión, se optó por no reformar las normas relativas a la adopción. Así, la constitución de una familia reconocida legalmente es ya una posibilidad para todos (por usar un término popular).
Ahora, se han dicho y escrito muchas cosas, pero no fue hasta la intervención de Esteban Arce en su programa Matutino Express el pasado 18 de diciembre que sentí la necesidad de expresar mis reflexiones al respecto. Aunque la participación del Estado y de la Iglesia pueden analizarse exhaustivamente, al igual que la referida a la Academia y la "Sociedad Civil" (todos aquellos que no caben en las clasificaciones anteriores, para efectos de este post), detenerme en lo ocurrido me parece importante porque le da voz a un sector fundamental en la discusión y que, sin embargo, no ha sido tan sobresaliente -aquí- hasta ahora: el de la Ciencia (que se mezcla con la Academia, obviamente).
Lo interesante del programa es que, a diferencia de muchas intervenciones, pretendía girar en torno a una distinción científica: la referida a la preferencia versus orientación sexual, con base en diversos estudios neurocientíficos. Se invitó a Elsy Reyes para presentar la diferencia conceptual, quien -por lo que leo en su blog- se dedica a los temas de "Sexualidad y Relaciones de Pareja" desde un lugar que, aunque es mainstream, pretende ser científico. Voz, repito, novedosa porque se distingue de los discursos normativos que tienden a predominar en el espacio: apelar a la libertad y la igualdad no es más que invocar principios morales. Sin embargo, con ella, uno de los grandes pilares de la Modernidad se manifestó, recordando la importancia que ha tenido la Ciencia -y la Razón entendida desde aquí- en la (re)construcción de la sexualidad en Occidente.
Con todo, lo ocurrido es aún más complejo, por lo siguiente: si algo sobresale de la participación de Arce es la apelación a la naturaleza y a lo "normal" y "anormal" biológicamente. El argumento de Arce es uno que todavía hace algunos años tenía sustento psiquiátrico. De hecho, Reyes apeló a la reclasificación de la homosexualidad que ocurrió hace algunas décadas: en 1973, la Asociación Americana de la Psiquiatría la removió de su lista de patologías, en 1990 la Organización Mundial de la Salud le siguió y, por último, en 1993 dejó de estar en la lista de la Clasificación Internacional de Enfermedades. Lo que, a la inversa, comprueba que hasta hace 17 años seguía siendo una enfermedad o patología. Esto es, el embate en contra de la homosexualidad no sólo se originaba en la religión o en el derecho, sino en la ciencia también: desde el diván (o el laboratorio) había que curar a los anormales. En esta línea, ambos -Reyes y Arce- apelan a lo que tradicionalmente ha sido conocido como científico (y ambos dejan en claro cómo cada concepción viene acompañada de su construcción normativa consecuente).
La (re)clasificación de la homosexualidad no es menor ya que de ella depende el que se pueda discutir, siquiera, de matrimonio y adopción gay (a mi entender). El derecho, por más liberal e igualitario que sea, sigue reconociendo en sus diseños a personas con capacidades o aptitudes diferentes o, en ciertos casos, con algunas enfermedades. Me queda claro que la dignidad humana es un principio base que protege muchas situaciones, pero de un trato digno que respete derechos básicos a tener la capacidad para contratar, en general, o de contraer matrimonio, en particular (ya olvidemos la paternidad), existe un largo camino. Olvidemos la religión: ¿por qué permitir la unión entre dos enfermos y perpetuarla? La crítica -desde aquí- era entendible, y digo era porque, claramente, no existe ya un sustento científico para la misma. Las razones para discriminar son hoy inaceptables. Y esta es la base desde la cual se debe partir.
Queda claro que de lo que es no se infiere lo que debe ser, afirmación que es válida para ambas propuestas: la construcción de reglas implica, necesariamente, un ejercicio de ponderación de lo que es valioso o no, dañino o no, prioritario o no. Esto es, el impacto de los descubrimientos científicos -que pretenden explicar cómo funcionan las cosas- depende de otro tipo de consideraciones: políticas, tecnológicas, económicas, morales, religiosas, jurídicas... Pero -y esto es lo interesante- por lo general están conectados: todos los sistemas transmutan conjuntamente.
En esta línea, es que también entiendo la dificultad con la que se confrontó Reyes y la mayoría de los que luchan -desde sus respectivas trincheras- a favor de la diversidad sexual: históricamente, son los que tienen que deconstruir y reconstruir el orden existente. Más allá de las constantes interrupciones de Arce, basta con que él refiera a la conexión entre reproducción y sexo, basta con que apele a la desviación, a la patología, a lo enfermo, para que todos sepan de qué se está hablando, mientras que Reyes debe de apelar a un sinnúmero de estudios para manifestar su punto: es casi cómico cómo Arce reacciona ante la afirmación de Reyes de que la sexualidad es una construcción social. Es necesario reeducarse -aún- para que ello sea evidente: la cultura naturalizada se está desnaturalizando y ello toma tiempo -mucho tiempo- y estudio -mucho estudio-.
Se está recreando una realidad. Es casi conmovedor ver los ojos de asombro de muchos ante las otredades que se están develando. Es, nada más y nada menos, que un redescubrimiento. En el caso de los homosexuales, es verlos transformarse ante nuestra mirada: de anormales a normales, de ser Objetos de injurias, castigos y aniquilación a ser Sujetos de derechos. De ahí la potencia, por ejemplo, de salir del clóset, como queda claro en la película Milk: es necesario que se den cuenta que somos como ellos, abogados, policías, bomberos, doctores, enfermeras, políticos, maestros (léanse, desde aquí, las múltiples notas periodísticas que reportan la incursión de homosexuales en las esferas políticas, deportivas, artísticas, etcétera). En esta línea, el artículo de Genaro Lozano en el que escribió sobre su relación con su pareja y la decisión de adoptar es, precisamente, eso: la incursión en los pensamientos, miedos y aspiraciones de un homosexual, como cualquier otra persona. Es la posibilidad de entrar a la mente de una Loca para percatarse de que es igual que todas: mira, es una persona.
Desde esta perspectiva, la sentencia de la Corte Constitucional de Sudáfrica en la que se determinó que la exclusión de las parejas del mismo sexo de la definición del matrimonio era inconstitucional, me parece importantísima porque deja en claro en un pasaje (que a su vez recoge de otra sentencia) esta transformación. En un fragmento de la sentencia, después de considerar las normas constitucionales relativas a la dignidad e igualdad, recapitula los "hechos" relativos a la homosexualidad reconociendo que:
Los gays y las lesbianas que pactaron una sociedad de convivencia son tan capaces como los cónyuges heterosexuales de expresar y compartir su amor en sus múltiples formas, incluyendo el afecto, la amistad, el erotismo y la caridad;
Son también capaces de formar relaciones íntimas, permanentes, comprometidas, monógamas, leales y duraderas, de brindar un apoyo emocional y espiritual, de proveer un cuidado físico, apoyo financiero y asistencia en el hogar común;
Son individualmente capaces de adoptar niños y en el caso de lesbianas, de parirlos;
En corto, tienen la misma capacidad para establecer un consortium omnis vitae.
El pasaje me parece impactante porque implica la reconceptualización de los homosexuales como seres tan capaces como los heterosexuales de amar, de ser. Claro, también evidencia quien tiene el poder: el nosotros -los heterosexuales- es enfático. Pero, dejando de lado las posibles críticas queer que podrían realizarse, esta es la transformación que está sucediendo, desde cada espacio social: el jurídico (la Asamblea Legislativa), el científico (Elsy Reyes), el académico (pienso en Miguel Carbonell y Marta Lamas, por ejemplo), el mediático (pienso en el mismo Genaro Lozano, La Lonchería y Anodis) y el religioso (que hasta hora ha ido en contra de las reformas, pero sé que existen algunas iglesias gay-friendly). Habría que agregar a la lista los establecimientos privados -pienso en escuelas, empresas y restaurantes- que apoyan a la diversidad sexual, información con la que no cuento pero espero que alguien -reporteros o investigadores, hagan su labor- compile (o me haga llegar) pronto.
La transmutación es una que está ocurriendo. El solo hecho de que se haya pretendido debatir en un programa de Televisa la distinción entre preferencia y orientación sexual es ya señal de ello (además, claro está, de las reformas legales y algunos otros cambios sociales que están ocurriendo). Que sirva lo ocurrido hoy para demostrar cómo es necesario perfeccionar argumentos (en esta línea, aplaudo la apología que realizó Reyes en su blog), corregir estrategias, preparar a los adeptos.
Sé que se desató una polémica que giró en torno a la libertad de expresión en relación a la discriminación, pero mentiría sino admitiera que mi postura es una de intervención estatal mínima, más aún si dicha intervención se da en la forma de penalización: más que escandalizarme y buscar castigar a Arce (o a los religiosos), prefiero desarticular los discursos, intentar esclarecer los niveles argumentivos, dilucidar posturas. Sé que la CONAPRED ya exigió que Arce ofrezca una disculpa pública, pero no me interesa eso, sino que -más allá de la sanción estatal- quede claro lo que está detrás de sus manifestaciones y cómo es posible derrocarlas. Será que la noción del mercado de las ideas es una que, en el fondo, me enamora: que el mejor argumento gane. Hay que seguir luchando.
Anécdota idiota: un día, al abrir mi clóset, sólo encontré dos calcetines, cada uno de color diferente. Ni siquiera dudé en ponérmelos. Supongo que muy el fondo asumí que los pantalones cubrirían la disparidad. Transcurrió el día sin mayor suceso, hasta que me encontré en la cama con quien entonces era mi pareja. Procedí a quitarme los zapatos, sin pensar en lo que se descubriría. A los segundos, escuché un pequeño grito de alegría: le pareció adorable que mis pies fueran pintos. Y, por ello, fui merecedora de un gran beso y un abrazo. Obviamente, lo que se debió a una imposición circunstancial -la falta de ropa limpia-, se convirtió en una decisión voluntaria: con orgullo comencé a utilizar lo que para más de un modista es una aberración. Y cómo no hacerlo: implicaba la posibilidad de revivir un momento tierno, cómico, íntimo. En el que, al revelarse la estupidez y torpeza propia, sólo se recibió cariño. Y en el que se construyó una complicidad, un secreto compartido, un mundo concreto: los calcetines representaban ese universo.
Hasta que la relación terminó. Y con ella, ese significado comenzó a perderse: de repente, no era más que una idiota que no sabía combinar sus calcetines. Sin esa otra voz que reinterpretara el atropello, éste era solo eso: un atropello. Lo curioso es que ocurrió mucho tiempo después de que el vínculo se había roto, formalmente. La deconstrucción de ese mundo suele ser tan lenta: incluso cuando se procede a la destrucción material de cualquier rastro, siempre quedan los trazos fantasmagóricos de su presencia. Inercias, asociaciones, sueños: aparece en donde menos se espera.
Y cuando menos se desea. Es subrepticio: una punzada, una sensación que acecha y no permite el descanso. De repente, toma posesión del cuerpo: es el hueco y –más aún– la conciencia del mismo. Es sentir sus manos en la espalda por un segundo y, después, percibir cómo se esfuman. Cómo se alejan, centímetro por centímetro: el aire del movimiento enfría la piel. No está ya. A veces es casi estúpida la forma en la que asalta: quién se iba a imaginar que la emoción que suscita el estreno de una película ansiada o la risa que provoca un pésimo chiste en la televisión podría resultar tan triste. Sí, se es solo un idiota volteando a ver al vacío asumiendo que ahí está. Pero no, no está ya.
IV. La pos-pornografía: ¿una posible reivindicación?
V. La elusividad de lo porno y la (im)posibilidad de su definición
El arenero conceptual
Como niños jugamos en la arena conceptual del conocimiento, sin darnos cuenta de la gran contingencia del juego.
El arenero y sus elementos fueron creados por nosotros, pero ésto se olvida y se lamenta, después, la inamovilidad de aquél y sus límites.
En una actitud optimista e ignorando la condena auto-impuesta, nos concentramos entonces en los jueguetes que ahí se encuentran: los analizamos, estudiamos e interpretamos, surgiendo entonces la multiplicidad kaleidoscópica de conceptos como el amor, la felicidad, dios, la justicia y la democracia.
La chica del arenero
E.V.
Regia que se achilangó.
Estudiante por la mañana, Burócrata por ahí del mediodía, Investigadora por las noches, y Debrayadora en las madrugadas (ni Batman tenía tantas máscaras).
Nació en 1984. Por ello, nunca conoció el milagro mexicano (ni, obviamente, la época de oro); realmente no vivió el autoritarismo del PRI; ni se percató del derrumbe del Muro de Berlín. Sí le tocó la llegada del Interné, la caída de las Torres Gemelas, la Alternancia en el Poder, y el resurgimiento del Pop en MTv.
En términos más concretos, y haciendo alusión a uno de sus autores favoritos, es un gran pastiche posmoderno.